Competencia, formación y toma de conciencia

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Las Instituciones de Educación Superior confiadas a la Compañía de Jesús, nutridas por su larga tradición humanista, tienen el gran reto de contribuir al logro de una sociedad más justa y solidaria, mediante la formación, la investigación, la vinculación y la innovación pertinentes, que contribuyen al desarrollo de personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas, y creativas, es decir, “hombres y mujeres con y para los demás”. 

La realidad nos interpela; nos enfrentamos a problemáticas cada vez más complejas que requieren la acción de nuestras universidades, con una visión renovada sobre la formación, la generación de conocimiento y la vinculación con el entorno. 

La pobreza y la creciente inequidad e injusticia, aunadas a la violencia y la inseguridad, generan efectos adversos en las perspectivas de bienestar de la población, tales como la violación de los derechos humanos, el incremento de los movimientos migratorios y las crisis de desplazados y refugiados, acrecentadas por el fanatismo y la intolerancia que entorpecen los procesos de construcción de paz y reconciliación; el desarrollo y expansión de nuevas enfermedades; la corrupción y sus repercusiones en el debilitamiento de la política como búsqueda del bien común. 

La estructura demográfica se ha transformado, y se observa un creciente envejecimiento de la población, así como cambios en la organización social y familiar; existen nuevas formas de interacción social, pensamiento y comunicación derivadas de la revolución digital, así como de la concentración de la población en las grandes urbes, en las que se manifiestan problemas de hacinamiento, transporte, servicios sustentables y la pérdida de espacios públicos para la convivencia y la construcción de comunidad. 

Todo esto sucede en un contexto de crisis ambiental y de incremento de los desastres naturales, por la destrucción de nuestra casa común, que detonan problemas de sustentabilidad en materia de agua, energía y suficiencia alimentaria.

Por otro lado, la producción de conocimiento científico y tecnológico ha derribado las fronteras de las disciplinas y se multiplica continuamente en periodos de tiempo cada vez más cortos, lo que repercute en la necesidad de modificación radical de las estrategias y modalidades de formación y actualización, así como en las prácticas profesionales, las estructuras y dinámicas laborales y las expectativas en torno al empleo y a las formas de vida cotidiana. 

Las prácticas profesionales emergentes y en evolución constante, como producto de los cambios en las estructuras ocupacionales y en la organización laboral, demandan nuevos perfiles profesionales basados cada vez menos en definiciones cerradas de “carrera – profesión” y cada vez más en estrategias flexibles para desarrollar nuevas competencias. 

En este contexto, la responsabilidad social de nuestras universidades exige un cambio en la interpretación sobre el conocimiento, que permita que el foco de la formación transite de los saberes disciplinares, hacia una ecología de saberes inter y transdisciplinares, para crear espacios institucionales de diálogo entre el saber científico y humanístico y los saberes populares, tradicionales, que circulan en la sociedad y que dan cuenta de la diversidad. 

El propósito de las universidades del Sistema Universitario Jesuita (SUJ) es contribuir a la construcción de una sociedad más justa y más humana, mediante la integración de una oferta educativa socialmente pertinente, que aborde tanto la problemática que se espera que los profesionales atiendan en el marco de nuestro propósito transformador, así como el análisis sistemático de las condiciones de los mercados profesionales, todo esto, iluminados por las preferencias apostólicas universales de la Compañía de Jesús: 

  • Mostrar el camino hacia Dios mediante los Ejercicios Espirituales y el discernimiento. 
  • Caminar junto a los pobres, los descartados del mundo, los vulnerados en su dignidad en una misión de reconciliación y justicia. 
  • Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador. 
  • Colaborar en el cuidado de la Casa Común. 

 

En la coyuntura actual, las universidades del SUJ se enriquecen de su pertenencia a una de las redes de educación superior más grandes del mundo, y platean una oferta educativa pertinente e incluyente, abierta a la visión intercultural. 

Es política del Sistema Universitario Jesuita la revisión y actualización periódica de los planes de estudios, de acuerdo con las propuestas educativas de la Compañía de Jesús, con las condiciones del entorno, con las recomendaciones de las instancias acreditadoras, con los insumos de las evaluaciones periódicas de los planes vigentes y con los avances e innovaciones que en materia educativa se considere pertinente integrar.

Los perfiles de egreso son la expresión explícita de los planes de estudio. Entre otros objeticos, proponen modelos de desarrollo sustentable basados en el conocimiento de frontera que integre lo local y lo global, en el marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU, 2015).

Nuestra concepción del currículo permite incorporar aspectos importantes como la sostenibilidad, los contextos, los ambientes y experiencias educativas, un proyecto social y cultural; la posibilidad de incidir en la forma de abordar problemas y en la forma en que los estudiantes sabrán, estarán y actuarán en el mundo. Esto nos lleva hacia la concepción del currículo más integral como un proyecto de formación que se ofrece a los estudiantes mediante diversos espacios curriculares.

Los temas transversales se integran en respuesta a La relevancia de problemas tales como la sustentabilidad, la interculturalidad e inclusión, los derechos humanos y la perspectiva de género hace necesaria su presencia en la formación de los futuros profesionales. Estos temas, o sus equivalentes, se integran transversalmente en el curricular, como enfoque para el abordaje de algunas asignaturas.

Las competencias genéricas caracterizan el ejercicio profesional en general, al modo como lo entendemos en el SUJ, pues se encuentran presentes en el desempeño de numerosas actividades en diferentes contextos y, por lo tanto, su promoción debe llevarse a cabo de manera transversal en todos los programas.

Estas competencias son transversales, es decir, que no se desarrollan en asignaturas específicas, sino que se requiere que en cada una de las asignaturas se incluyan estrategias de enseñanza y aprendizaje que favorezcan naturalmente todas aquellas competencias genéricas que sea posible y que permitan al egresado desenvolverse en un entorno personal, social y profesional en constante cambio y con nuevas demandas de la sociedad del conocimiento.

Competencias que estructuran metas del modelo educativo destacan: Creatividad, innovación, emprendimiento, sustentabilidad.

La competencia de sustentabilidad desarrolla soluciones profesionales que dan prioridad a la construcción de sociedades sustentables para el cuidado de la casa común.  

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