Tecnología e información no son problema
Autoría: Fátima Yazmín Coiffier López
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Con frecuencia, algún miembro de mi familia me llama para preguntarme cómo sistematizar información en Excel, convertir un archivo a otro formato o registrarse y usar alguna app. En mi rol como acompañante de estudiantes de licenciatura y posgrado, me sucede algo similar.
A menudo suelo orientar en tareas básicas de ofimática, como incorporar un índice automático o integrar saltos de página, y en el uso de inteligencia artificial para actividades como elaborar referencias en formato APA.
Tras brindar estas orientaciones y ayudar con éxito, es común escuchar comentarios como “sabes mucho” y “¿cómo le haces?”. Mi respuesta es casi siempre la misma. Aclaro que no lo sé todo y que mucho de ese conocimiento lo obtuve por necesidad y apoyándome en tutoriales disponibles en la web, específicamente en YouTube. Además, suelo enfatizar que, con paciencia y una buena búsqueda de información, es posible resolver casi cualquier eventualidad relacionada con el uso de la tecnología.
Al compartir estas experiencias con una colega, reflexionábamos sobre lo sorprendente que resulta que, en pleno siglo XXI y en medio del auge de la tecnología y la inteligencia artificial, personas con formación universitaria continúen enfrentando dificultades para resolver problemas tecnológicos básicos y cotidianos.
Concluimos que esta situación no parece estar relacionada con el acceso a la información, pues hoy es más amplio que nunca, sino que el problema parece situarse en el plano de lo humano, en términos de iniciativa, tolerancia a la frustración y capacidad de resolución de problemas.
La iniciativa es una actitud que impulsa a comenzar algo, acompañada de la convicción de que es posible resolver una necesidad. Supone pasar del “no puedo” al “¿cómo sí puedo?”. Por ejemplo, no saber usar el control de cambios en Word no debería ser un obstáculo, sino el punto de partida para aprender cómo hacerlo. Así, la iniciativa es, en primera instancia, una disposición al aprendizaje que refleja responsabilidad en y sobre el proceso (Paradise, 2005).
Ahora bien, en el uso y la resolución de desafíos relacionados con la tecnología, la iniciativa por sí sola no basta, también es necesario tolerar la frustración. La frustración es una respuesta emocional desagradable que aparece cuando no se logra satisfacer un deseo o alcanzar un objetivo a pesar de los esfuerzos realizados, generando malestar, enojo o decepción ante los obstáculos percibidos (UNAM, 2022).
En este sentido, la tolerancia a la frustración es la capacidad de afrontar estas dificultades sin perder el control emocional, manteniendo la persistencia y regulando el malestar para continuar hacia las metas, aun frente a contratiempos (UNAM, 2022).
Retomando el ejemplo del control de cambios en Word, el aprendizaje de esta herramienta suele estar marcado por el ensayo y error. Puede ocurrir que el primer tutorial consultado resulte insuficiente y sea necesario buscar otro, o que, aun siguiendo los pasos indicados, no se obtenga el resultado esperado. En este proceso, ajustar la búsqueda, persistir en los intentos y volver a probar son acciones fundamentales para aprender a usar la tecnología, donde la tolerancia a la frustración hace el camino más llevadero.
Finalmente, en este punto cobra relevancia la resolución de problemas como una competencia fundamental de la cultura digital. Se refiere a la capacidad de “identificar necesidades de uso de los recursos digitales, tomar decisiones informadas sobre qué herramientas usar según el propósito o la necesidad, resolver problemas conceptuales a través de medios digitales, usar las tecnologías de forma creativa, resolver problemas técnicos y actualizar la propia competencia y la de otros” (Fernández, 2025, p. 11). No se trata solo de saber usar herramientas, sino de comprender para qué, cuándo y cómo utilizarlas de manera estratégica (Comisión Europea, 2022).
Desde esta perspectiva, las dificultades relacionadas con el uso de la tecnología no se vinculan tanto con la accesibilidad a las herramientas o a la información, sino con la construcción de una lógica de uso más consciente y reflexiva. Aprender a usar tecnología implica identificar problemas, formular preguntas pertinentes y ensayar soluciones posibles, reconociendo que el error es parte del proceso.
Bajo esta postura, la tecnología es, en esencia, un medio, cuyo valor emerge cuando se inserta en un proceso reflexivo, crítico y orientado a la solución de problemas. Antes que la herramienta, está la capacidad humana de analizar, decidir, probar y aprender, con iniciativa, tolerancia a la frustración y habilidad para construir respuestas pertinentes. Este es un desafío para los ciudadanos de esta #CiudadDigital, donde casi nadie escapa de la tecnología.
Referencias
Comisión Europea. (2022). Marco de Competencia Digital para la Ciudadanía (DigComp 2.2). Oficina de Publicaciones de la Unión Europea.
Fernández, C. (2025). Marco de referencia. Formación y certificación en competencias para la cultura digital. IBERO Puebla.
Paradise, R. (2005). Motivación e iniciativa en el aprendizaje informal. Sinéctica, Revista Electrónica de Educación, (26), 12-21.
UNAM. (2022). Trabajemos en la tolerancia a la frustración. Gaceta.