Imagen
Depre
Fecha

La depresión funcional: cuando aprender a sobrevivir no significa estar bien

Subtítulo
Esta adaptación a vivir y coexistir con la depresión suele confundirse con fortaleza o resiliencia

Comparte:

En los últimos años, la depresión ha dejado de ser un tema oculto o tabú para convertirse en parte del lenguaje cotidiano. Hoy hablamos de ella con más naturalidad, compartimos frases sobre salud mental en redes sociales y reconocemos, al menos en el discurso, la importancia de pedir ayuda. Sin embargo, en medio de este avance aparente, se ha instalado una forma silenciosa y peligrosa de normalización: la de aprender a vivir con depresión como si fuera un estado permanente e inevitable.

Cada vez es más común escuchar frases como “así soy”, “ya me acostumbré”, “funciono, aunque esté mal” o “hay días buenos y días malos, pero aquí sigo”. Personas que trabajan, estudian, cuidan de otros y cumplen con sus responsabilidades mientras cargan una tristeza persistente, una sensación de vacío constante o un cansancio emocional que no se va. Desde fuera, parecen adaptadas. Desde dentro, sobreviven.

Esta adaptación a vivir y coexistir con la depresión suele confundirse con fortaleza o resiliencia. Se celebra la productividad a pesar del dolor, la capacidad de seguir adelante sin detenerse, la resistencia emocional como una virtud. Pero ¿realmente deberíamos aplaudir el que una persona se levante todos los días, realice sus actividades y solo sobreviva a su día a día sin una motivación o un propósito? ¿Cuándo dejamos de preguntarnos si alguien está bien y nos conformamos con que “pueda con todo”?

La sociedad actual favorece esta lógica. Vivimos en un contexto que premia el rendimiento, la rapidez y la autosuficiencia. Detenerse a sentir, a cuestionar el propio malestar o a pedir ayuda sigue siendo visto, en muchos espacios, como una debilidad. Así, la depresión no desaparece: se camufla. Se vuelve funcional. Se esconde detrás de agendas llenas, sonrisas fingidas y rutinas que no dejan espacio para el contacto con uno mismo.

El problema de normalizar la depresión crónica no es solo emocional, sino profundamente humano. Cuando el malestar se vuelve parte de la identidad, se pierde la referencia de lo que significa estar bien. Se baja el umbral de bienestar: ya no se busca la tranquilidad, el disfrute o el sentido, sino simplemente “no estar peor”. La vida se reduce a cumplir, no a habitarla y disfrutarla.

La depresión crónica, o trastorno depresivo persistente, se caracteriza por un estado de ánimo triste, apático o irritable la mayor parte del día durante meses o año. Algunos síntomas para identificar la depresión crónica incluyen: estado de ánimo deprimido o una tristeza profunda, sensación de vacío y desesperanza, baja autoestima, autocrítica constante, baja energía, insomnio o exceso de sueño, alteraciones del apetito, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, y pérdida de interés en algunas actividades.

A diferencia de la depresión mayor, la depresión crónica puede presentarse con menor intensidad, pero mayor duración, llevando a que la persona se acostumbre a vivir en un estado de desánimo constante.

La normalización de esta condición puede retrasar o impedir la búsqueda de ayuda profesional. Si la tristeza constante se vive como algo “normal”, si el vacío se asume como parte del carácter o de la etapa de vida, ¿por qué habría que atenderlo? Muchas personas llegan a consulta después de años de cargar con síntomas depresivos, cuando el desgaste ya es profundo y las redes de apoyo están debilitadas.

Hablar de depresión no debería llevarnos solo a reconocer su existencia, sino a cuestionar las condiciones que la perpetúan. No es suficiente con aprender a vivir con ella; es necesario preguntarnos por qué tantas personas sienten que esa es la única opción. Normalizar el diálogo sobre salud mental debe ir acompañado de un compromiso real por crear espacios de cuidado, descanso, escucha y acompañamiento.

Vivir con depresión no es un logro ni una meta. Adaptarse al dolor no equivale a sanar. La verdadera transformación comienza cuando dejamos de romantizar la resistencia y empezamos a validar el derecho a sentirse mejor. Porque la salud mental no es solo seguir funcionando: es poder vivir con sentido, con conexión y con la posibilidad real de bienestar.

Publicado originalmente en El Sol de Puebla.
Más información
Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

Solicita Información

Sexo
Motivo

CAPTCHA This question is for testing whether or not you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.