La violencia que no deja moretones
Autoría: Jazmín Jiménez Bedolla
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“Mamá, ya vas a empezar con tu exageración”, me dijo mi hija hace unos días, cuando le sugerí que revisáramos juntas la configuración de privacidad en sus redes sociales. Lo dijo con una mezcla de humor y fastidio. Y la entiendo. Es una adolescente, es lista, crítica, y tiene toda la energía para explorar el mundo.
Pero también tiene algo que la hace vulnerable: vive en una realidad que romantiza la conexión, pero silencia las violencias que esa conexión permite.
No soy una madre paranoica. Soy una mujer que ha visto —por experiencia profesional y humana— lo que ocurre cuando creemos que la violencia solo sucede “afuera” o “en persona”. Porque hay una violencia que no deja moretones, pero deja cicatrices profundas, silenciosas, y muchas veces irreparables: la violencia digital.
En México, más del 70 % de las personas entre 12 y 29 años ha sido víctima de violencia digital, especialmente mujeres (AMIPCI, 2023). Ciberacoso, difusión de contenido íntimo, suplantación de identidad, amenazas, control de dispositivos, chantaje emocional. Muchas veces, estas prácticas comienzan como “bromas”, “retos” o “confianza entre parejas”, pero escalan hasta convertirse en mecanismos de humillación, coerción, castigo. No es algo menor: en varios casos, esa violencia ha sido el preludio de feminicidios (Santos Cid & Ownby, 2023).
La violencia digital no es una categoría aislada, es una vía de expresión de todas las otras violencias que atraviesan nuestra sociedad: la de género, la simbólica, la sexual, la estructural. Es interseccional: afecta con más fuerza a quienes ya están en desventaja. Y es especialmente brutal con niñas, adolescentes y mujeres jóvenes (ONU Mujeres, 2023).
La pregunta no es si estamos exagerando al cuidar los entornos digitales de nuestras hijas e hijos. La pregunta es si estamos haciendo lo suficiente para prepararlos para una realidad que normaliza el acoso, convierte la intimidad en espectáculo, y transforma los cuerpos en moneda de validación.
En mi experiencia como madre y profesional, he aprendido que la violencia digital no empieza cuando alguien publica una foto íntima sin consentimiento. Empieza antes: cuando se normaliza que los adolescentes intercambien imágenes privadas como muestra de amor; cuando los grupos de chat se llenan de insultos “de broma”; cuando una niña recibe cincuenta mensajes de un desconocido y lo bloquea, pero nadie le pregunta cómo se siente.
Y sí: la violencia digital también mata. A veces lo hace lentamente, robando la autoestima, aislando emocionalmente, llenando de miedo. Otras veces, lo hace con consecuencias trágicas.
Entonces, ¿qué podemos hacer madres y padres en nuestra #CiudadDigital?
1.Nombrarla: la violencia digital existe y es real.
No es exagerado hablar del tema. Lo que no se nombra, no se ve. Y lo que no se ve, no se protege.
2. Educar más allá del “uso responsable”.
Hablar de consentimiento, de autocuidado, de autoestima. Formar criterio. Enseñar que nadie debe pedir lo que no se quiere dar.
3. Acompañar sin espiar.
No se trata de invadir la privacidad, sino de construir confianza. De abrir canales de diálogo, incluso cuando parezca incómodo.
4. Conocer nuestros derechos.
En México, la Ley Olimpia reconoce la violencia digital como un delito. Hay formas de actuar, denunciar y acompañar (Infoem, s.f.; Semujeres, s.f.).
5. Crear comunidad.
Hablar del tema en la escuela, con otras familias, con las y los docentes. Proteger no es tarea individual, es responsabilidad colectiva.
Porque al final, no se trata de controlar a nuestras hijas e hijos, sino de empoderarlos. De darles herramientas para que reconozcan el peligro y no lo normalicen. De enseñarles que su cuerpo, su voz y su presencia valen más que cualquier “like”, que tienen derecho a estar seguros también en línea, y que no están solos.
Y aunque mi hija piense que exagero —y lo seguirá pensando por un tiempo—, prefiero eso a callar. Prefiero que me cuestione, a que un día se pregunte por qué nadie le advirtió. Porque la violencia que no deja moretones, sí deja huellas. Y muchas veces, las deja para siempre.
Referencias:
AMIPCI. (2023). Informe sobre violencia digital en México. Asociación Mexicana de Internet.
Infoem. (s.f.). Violencia digital. Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales del Estado de México y Municipios.
ONU Mujeres. (2023). Violencia digital contra las mujeres y las niñas en México.
Santos Cid, A., & Ownby, J. (2023, 18 de septiembre). El feminicidio de Ana María Serrano: “Él la presionaba mucho, mandaba regalos cada semana, rogaba que regresaran”. El País.
Semujeres. (s.f.). Violencia digital. Secretaría de las Mujeres de la Ciudad de México.
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