El juego, motor de aprendizajes escolares
Autoría: Itzel López Nájera
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“Juego serio” como aquél que “permite equivocarnos en un contexto seguro”: Figueroa Arteaga
Los pasados viernes 26 de septiembre, 31 de octubre y 28 de noviembre se llevaron a cabo jornadas lúdicas en el marco de la actividad titulada “JugArte: las infancias en camino de esperanza”, realizada en los espacios verdes de la Universidad Iberoamericana Puebla, dentro del tiempo que las escuelas de nivel básico destinan al Consejo técnico.
En esta experiencia se involucraron estudiantes de la Licenciatura en Educación de dicha institución, docentes del Claustro de Educación, estudiantes de la Licenciatura en Educación Preescolar del BINE, estudiantes de servicio social, así como el Colectivo Leyendo en el camino.
Se organizaron actividades como “mapa corporal”, “arma tu calavera”, pedido de calavera, “pinta tu estrella”, lectura de cuentos y juegos varios. El ejercicio fue una oportunidad para que personas de diversas generaciones pudieran convivir alrededor de actividades lúdicas que, planificadas o espontáneas, permitieran el disfrute colectivo. Pero, más allá del disfrute ¿a qué nos habilita el juego?
El pasado 21 y 22 de noviembre se llevó a cabo en el Auditorio Papa Francisco de la Ibero, el 2do. Congreso Internacional de Educación, Innovación y Resiliencia CREAR 2025 “Educación para el futuro: Estrategias para liderar el cambio educativo”, una iniciativa auspiciada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en coorganización con esta universidad.
Se trataron temas diversos a lo largo de las dos extensas jornadas de trabajo; pero específicamente una llamó mi atención, una en la que se dialogó alrededor de las posibilidades del juego con infancias. En la mesa titulada “Aprender jugando: El poder del juego en la educación del futuro” el Mtro. Javier Ruso habló de la preocupación que le causaba el que las pantallas le estuvieran arrebatando a sus hijas e hijos, por lo que generó estrategias lúdicas de convivencia con ellas y ellos, llegando a dos ideas importantes luego de su ejercicio:
“En el juego se asume con normalidad el error” y, en el juego hay una “interiorización de pautas y normas de comportamiento social”, por lo cual, el juego es cosa seria; ya lo decía Huizinga en su célebre trabajo “Homo ludens”. En ello coincidió el Mtro. Luis Figueroa Arteaga al mencionar al “juego serio” como aquél que “permite equivocarnos en un contexto seguro”, lo que puede generar confianza en el proceso de aprendizaje.
Por su parte, el estudiante de la Licenciatura en Educación de la UIAP, Juan Antonio Maldonado, atrapó la atención del público con su espontaneidad, y remarcó el poder del asombro en el proceso de aprendizaje al plantear que “el asombro genera dopamina, se aprende de lo que nos impacta”, convidando a tomar en cuenta este factor a la hora de planear las actividades dentro y fuera de las aulas.
La Dra. Nora Rodríguez, por su parte, planteó que los “juegos tradicionales que tienen que ver con el movimiento corporal operan como neuro protectores del cerebro” por lo cual recomendó que “para prevenir el bullying, tres veces por semana, debe haber juegos tradicionales en el patio”, lo que coincidió con la expositora magistral, la Mtra. Anu Särkijärvi.
La especialista en Educación compartió con el público lo que se considera la exitosa experiencia de Finlandia, en donde existen 75 minutos de recreo para actividades de esparcimiento.
Así, en un mundo en el que cada vez más las niñeces se inmovilizan frente a una pantalla con la anuencia de sus tutores y cuidadores; en el que los patios escolares mexicanos están normados por la separación corpórea y de género para que “no se agredan” y para “evitar accidentes”; en el que las calles y parques se ven con sospecha o como sitios poco seguros para la diversión; la urgencia hoy es persistir en el potencial de una de las actividades más humanas como es el juego y la diversión, o para decirlo en pocas palabras: poner el cuerpo.