¡Cuidado!, discurso peligroso
Autoría: Alejandra Alpuche Vélez
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A lo largo de la historia, la humanidad se ha preguntado por quiénes somos y qué significa eso de “ser humano”. En ese sentido, numerosos pensadores han tratado de dar respuesta a la pregunta, y el avance de la ciencia ha contribuido a esclarecer algunas cuestiones e incluso a bajarnos del pedestal de “dioses” para ubicarnos en un lugar más cercano a los “animales”. Sin embargo, es claro que no somos cualquier animal, y aunque la mayoría de las veces nos identificamos como seres “racionales”, ya Fernando Savater desde 1999 nos definía como “animales simbólicos” haciendo referencia a que uno de los principales rasgos que nos caracteriza es definitivamente el lenguaje.
Este lenguaje humano no tiene un contenido previamente definido, su significado viene de abstracciones y se caracteriza por decir lo que queremos decir, en otras palabras, que hay una voluntad de comunicación que nos es natural y necesaria para sobrevivir e interactuar con nuestra realidad.
Lo anterior, hace que el lenguaje sea sumamente poderoso. Una de las formas de poner en práctica la capacidad del lenguaje es a través del discurso, el cual puede tener múltiples funciones o intenciones detrás de lo que se dice.
Esas intenciones pueden ser tan humanas como “Yo tengo un sueño…” de Martin Luther King Jr., o tan inhumanas como la propaganda nazi de Joseph Goebbels. Por ello, y considerando que, en la actualidad, los discursos son comunicados en las redes y se difunden a la velocidad de un clic sin casi ningún tipo de regulación, deberíamos tener más cuidado con los discursos que escuchamos, seguimos o compartimos, porque no todos nos hacen más humanos.
Por ejemplo existe el “discurso de odio”, el cual podría ser definido como cualquier comunicación (oral, escrita o comportamiento) que ataca o está en contra de algún grupo en particular por razones de raza, religión, género, nacionalidad, etc. Aunque aparentemente está muy clara su definición, a veces se ha llegado a confundir o a debatir con la libertad de expresión, y es por ello que un equipo de investigación independiente y sin fines de lucro denominado Dangerous speech Project, se ha enfocado en reducir la amplitud del concepto, a una categoría más específica como lo es el discurso peligroso.
Para ellos el discurso peligroso es cualquier forma de expresión (palabras, texto, imágenes) que aumente el riesgo de que su audiencia tolere o participe en actos de violencia contra integrantes de otro grupo. De acuerdo con sus investigaciones, podemos identificarlo respondiendo las siguientes preguntas:
1. ¿El mensaje viene de un orador con influencia?
2. ¿La audiencia es susceptible a un mensaje incendiario? (quizá porque previamente ya estaban temerosos o resentidos)
3. ¿El mensaje contiene los siguientes indicadores? deshumanización (los describe en maneras que niega su humanidad, por ejemplo: comparándolos con animales o demonios); usa la acusación en espejo (implica que el grupo en cuestión es una amenaza mortal); afirma ataques en contra de mujeres o niñas (considerándolas como un símbolo de lo vulnerable de la audiencia); incluye códigos que tienen un significado especial para la audiencia y el orador; implica que el grupo objetivo es fuente de contaminación.
4. ¿El contexto social o histórico ha provocado que la violencia sea considerada más aceptable?
5. ¿Qué tanta influencia tiene el medio por el cual el mensaje es enviado?
Ejemplos podemos encontrar muchos, tanto en la historia como en la actualidad, y pueden ir desde el líder del grupo de amigos que acosa al compañero de clase, discursos misóginos y el movimiento incel, separar a “chairos” de “fifís”, o hasta a “cazar” inmigrantes ilegales.
Por ello es necesario tener cuidado, tomando en cuenta que la manera de combatir un discurso peligroso implica la escucha atenta, criticidad y el reconocimiento de la dignidad de cualquier ser humano, solo por ser “ser humano”.
Mayor información en: https://www.dangerousspeech.org/