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Libros apilados
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Salud por Puebla y por el Día Mundial del Libro

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23 de abril se celebra mundialmente al libro.

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El pasado 16 de abril se celebraron 495 años de la fundación de la ciudad de los Ángeles, Puebla. Asimismo, el 23 de abril se celebra mundialmente al libro. Para no pocos es sabido que la ciudad de Puebla fue consabida para albergar a una sociedad literaria. Desde entonces, no fue azaroso que aquí se estableciera la primera biblioteca pública de América, por el obispo de don Juan de Palafox y Mendoza; así como se asentaran colegios para laicos y seminaristas cuyo corazón era, después de la capilla o iglesia, un acervo bibliográfico.

En la coyuntura de estas dos fiestas, aflora la necesidad de reflexionar sobre ese legado en materia patrimonial bibliográfica y como legado cultural. En sus Instucciones para el Obispado, compartió otro ilustre bibliófilo, Ernesto de la Torre Villar, Palafox dejó organizada la conservación y preservación de su librería. En función de sus motivos para crearla, justificó que la ciudad necesitaba una librería, dada “la falta de bibliotecas públicas donde los pobres pudieran cómodamente estudiar; la no muy abundante producción bibliográfica novo-hispana en su época utilizable en los estudios; la necesidad que los alumnos de sus colegios tenían de una buena biblioteca y finalmente la seguridad que él tenía de que la cultura y sus fuentes pudiesen preservar a la Nueva España de algún trastorno político, intelectual y religioso”. Seguro, insiste De la Torre Villar, de que Palafox creía que la compañía de los libros era de gran beneficio para los hombres.

Con el paso de los siglos, tras dos intervenciones extranjeras, conflictos políticos y sociales, Puebla ha sido pionera en materia de políticas culturales públicas, conservación de su patrimonio edificado y, coherente con su historia, epicentro de la educación del país. Sin embargo, llevamos varios sexenios, antes cuatrienios, etcétera, sin tener un proyecto de difusión de lectura integral a corto, mediano y, sobre todo, largo plazo; de recuperación de los espacios públicos para la propagación de la compañía, como decía Palafox, de los libros. La oferta ha sido un número finito de eventos desarticulados que, al ser presentados como fiestas, duran eso, un día, ofrecidos tanto por el gobierno como por instituciones educativas, y la muy delgada iniciativa privada.

Así, para celebrar a Puebla, y el Día Mundial del Libro, podemos desear de regalo un plan de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, y de la novísima administración de la Secretaría de Cultura de Puebla, que reviva la vida de los lectores. Hace no más de un lustro se notificaba que el Estado tenía 650 bibliotecas; pero, varias de ellas, para y desde entonces, se señalaban como ausentes de servicios y, más del 70% se reportaban como pertenecientes a escuelas públicas. Igual, a pesar de que la normatividad del programa federal obliga a tener una biblioteca central, no existe una Biblioteca Central en el Estado de Puebla, o solo de nombre, ya que no cumple con los estándares, dado que fue abandonada y trasladado su acervo a, cuentan, algunas bodegas.

Una profesora comentaba que las madres que acudían con ella su clase de zumba por la noche se quejaban de que habían pasado la tarde haciendo las tareas con sus hijos en cibercafés o en sus celulares. Esta cotidianidad no es un destino manifiesto, algo que debiera acatarse como la norma. Aun hay tiempo, todavía no es el fin del mundo, de ofrecer a los nativos digitales otra forma de pasar el tiempo, investigar, enterarse, hacer sus tareas. Eso formaría ciudadanos en su acepción original: miembros libres y activos del Estado.

Para quienes, como Palafox y sus subsecuentes héroes nacionales, aspiraron a que Puebla fuera una sociedad literaria, basada en la palabra escrita, sería justo volver a poner en el interés y el debate público ¿Cuál es la función social de la (las) biblioteca? Porque sería cierto que, en un afán democrático, en materia cultural se reivindicaría su lugar en la historia, su trazo lejos de la improvisación (o a la barbarie); en una tarea de, y cito a Roberto Calasso, “reconstruir la prehistoria de nuestros pensamientos, de nuestras preguntas, de nuestras respuestas”.

Publicado originalmente en El Sol de Puebla.
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Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

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