Infancias frente a la pantalla… ¿Acompañamos o delegamos?
Autoría: Fátima Yazmín Coiffier López
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Frente el brillo del celular se esconde una pregunta incómoda para quienes cuidamos. ¿Qué pasa cuando entregamos un dispositivo a un niño o niña?
Voltea a tu alrededor y no será inusual observar a un niño o una niña con un celular o tableta en la mano mirando la pantalla fijamente. Tampoco será extraño que la persona adulta que lo acompaña le hable sin obtener respuesta o que sobrevenga una rabieta cuando el dispositivo es retirado.
Estas escenas ocurren en todos lados, tiendas, filas de trámites, restaurantes e incluso en parques o fiestas infantiles. ¡Sí!, parques y fiestas con resbaladillas, albercas de pelotas y tierra para explorar, donde es evidente que la experiencia corporal queda desplazada por el brillo de una pantalla.
Ante estas escenas surgen varias preguntas. ¿Por qué las personas adultas facilitamos dispositivos a las infancias? ¿Sabemos las implicaciones de esta práctica? ¿Qué nos limita a ejercerla de otra manera?
Los adultos dan los celulares a los niños
Es una realidad incómoda reconocer que, en muchos casos, los adultos facilitamos dispositivos celulares a niñas y niños para que permanezcan en “calma” mientras realizamos otras actividades.
Es decir, proporcionar dispositivos nos funciona como una estrategia para gestionar momentos de espera o de sobrecarga, ofreciendo una solución rápida para mantener a las infancias entretenidas y tranquilas, mientras hacemos el súper, esperamos en el banco, conversamos o estamos en un restaurante. Así, para muchas personas que cuidan, la entrega del dispositivo se traduce en un respiro (o evasión) frente a la intensidad del cuidado que demandan las infancias.
Reconocer esta práctica no implica juzgar a quienes cuidamos, sino comprender por qué se ha vuelto tan frecuente y preguntarnos si quienes la propiciamos estamos realmente conscientes de sus implicaciones. La investigación ofrece información valiosa al respecto.
OMS ante el uso de dispositivos
La Organización Mundial de la Salud recomienda evitar el uso de pantallas en menores de dos años. Limitarlo durante la primera infancia, señalando que la exposición prolongada puede asociarse con menor actividad física, alteraciones del sueño y posibles efectos en el desarrollo cognitivo (OMS, 2019).
En la misma línea, la Asociación Española de Pediatría (2022) advierte que el consumo excesivo de contenidos audiovisuales puede afectar la atención sostenida y favorecer conductas impulsivas, particularmente cuando se trata de juegos y videos breves y altamente estimulantes.
Los estudios en neuropsicología del desarrollo ofrecen más pistas. Muchos de los videos que circulan en plataformas como YouTube Kids, contenido altamente consumido por los pequeños, se caracterizan por cambios rápidos de imagen, sonidos intensos y recompensas inmediatas, activando con frecuencia el sistema dopaminérgico del cerebro, relacionado con los circuitos de recompensa.
Cuando el cerebro infantil se habitúa a este tipo de estimulación acelerada, puede experimentar mayor dificultad para sostener la atención en actividades que requieren tiempo y paciencia. También puede aumentar la frustración cuando el estímulo desaparece. Por ejemplo, si se termina el tiempo de pantalla o falla la conexión a internet (Council on Communications and Media, 2016).
A estas implicaciones se suma otro efecto menos visible, pero muy importante, el desplazamiento de experiencias fundamentales para el desarrollo. La literatura sobre pedagogía coincide en que el aprendizaje temprano se construye a partir del movimiento, el juego libre, la exploración del entorno y la interacción cara a cara. Cuando el tiempo frente a pantallas sustituye sistemáticamente estas experiencias, se reducen oportunidades clave para el desarrollo del lenguaje, la empatía, las habilidades sociales y la autorregulación emocional (UNICEF España, 2019).
La vida Contemporánea
Las implicaciones no son menores, pero en defensa de los adultos sería simplista pensar que todo se reduce a nuestra voluntad para ofrecer o no dispositivos celulares a las y los niños. El ritmo de la vida contemporánea también influye. Cada vez son menos las personas que cuentan con el privilegio de dedicar su tiempo exclusivamente al cuidado.
Quienes cuidados sopesamos jornadas laborales, traslados largos y la saturación de tareas. Circunstancias donde parece que el dispositivo móvil en una solución inmediata para gestionar el día a día. En ese contexto, entregar una pantalla no siempre es una decisión reflexiva, sino una respuesta rápida a la velocidad con la que se mueven mamás, papás y otros cuidadores.
¿Aceptaremos el costo de nuestra presencia como cuidadores?
Tal vez por eso la pregunta no sea solo si las pantallas son buenas o malas, sino si estamos dispuestos y dispuestas a asumir el costo de ofrecerlas sin límites ni acompañamiento. Cuidar a las infancias en la era digital implica algo más que restringir dispositivos, supone preguntarnos qué tipo de presencia adulta estamos ofreciendo. Desde una tradición humanista como la que inspira la educación jesuita, el cuidado se entiende como atención consciente a la persona y a su contexto. Las tecnologías forman parte de ese contexto, pero el encuentro humano sigue siendo insustituible.
Quizá el desafío de nuestro tiempo no sea únicamente regular el uso de las pantallas, sino preguntarnos con honestidad si estamos acompañando a las infancias o si, poco a poco, estamos delegando cada vez más su atención a los dispositivos.
Referencias
Asociación Española de Pediatría (2022). Plan digital familiar. https://plandigitalfamiliar.aeped.es/plandigitalfamiliar.php
Council on Communications and Media. (2016). Media and young minds. Pediatrics, 138(5). https://doi.org/10.1542/peds.2016-2591
Organización Mundial de la Salud (2019). Directrices sobre actividad física, sedentarismo y sueño para menores de 5 años. https://iris.paho.org/items/afddf2ec-c9fb-4b3d-a77e-581147dced17
UNICEF España (2019). Infancia, adolescencia y bienestar digital: Una aproximación desde la salud, la convivencia y la responsabilidad social. UNICEF Comité Español. https://www.unicef.es/publicacion/infancia-adolescencia-y-bienestar-digital