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Buenas prácticas: cuidado a nuestro entorno

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En la ciudad de México algunas oficinas y parques urbanos tienen compostas al aire libre; además, en la Ciudad de Puebla ambientalistas han dedicado tiempo y trabajo y lo han convertido en una buena idea de negocio

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Como bien sabemos, en las grandes ciudades se concentran los principales problemas de contaminación: cambio de uso de suelo, emisiones de gases de efecto invernadero y mala calidad del aire, tránsito vehicular, miles de toneladas de residuos sólidos urbanos, demanda insuficiente de agua para consumo.

Cuando nace la educación ambiental en 1977 en la Cumbre de Tbilisi plantea que debe ser un componente de la educación integral: poder cambiar la conciencia y generar capacidad de agencia para mejorar la calidad de vida de todas las personas. La educación ambiental plantea la necesidad de conocer y analizar las problemáticas que existen en el entorno, para poder aportar en conjunto acciones y soluciones que puedan mejorar el impacto de los daños que se generan.

Aunque las instituciones coordinen esfuerzos, muchas veces las capacidades institucionales se ven rebasadas y la acción colectiva demuestra que la capacidad de organización es poderosa.

El manejo de residuos sólidos en las ciudades se enfrenta a problemáticas complejas. En primera instancia, los rellenos sanitarios ya se encuentran al límite de sus capacidades y el confinamiento de los residuos no desaparece los efectos de la contaminación.

Zonas urbanas generan 1.5 kilogramos de residuos sólidos
En el caso de los residuos sólidos, los organismos señalan que, en promedio, un habitante de zonas urbanas genera entre un kilogramo y un kilogramo y medio de residuos sólidos. De este kilo o kilo y medio, la mitad se constituye por residuos orgánicos, desperdicio en la preparación o sobras de alimentos y restos de jardinería,

Aunque existe una normativa que señala la importancia y obligatoriedad de la separación, debe acompañarse de un proceso educativo que incida en los hábitos. ¿Qué pasaría si las personas supiéramos que los residuos orgánicos se componen en un 80% de agua y al entrar en contacto con microrganismos descomponedores, hongos y baterías, se convertirán en un coctel de gases de efecto invernadero como el metano, ese gas que genera el olor tan desagradable, que junto con los microrganismos ya es un contaminante?

La simple acción de separar y procesar los residuos en casa a través del compostaje evitamos esa contaminación y al mismo tiempo, nos proveemos de un excelente recurso de valor agregado, el humus.

Composta en México
Muchas personas en México creen que la composta quita el tiempo, es complicado o genera incomodidades. Algunas otras personas, sensibilizadas por el efecto esperado de la educación ambiental creen que compostar es una acción de responsabilidad, cuidado, economía circular y cuidado regenerativo del suelo y de las especies de la flora y fauna.

Estas personas toleran molestias mínimas, poco de mosquitas de la fruta y olores mínimos si la composta se queda en el patio de la casa. Separar en un bote tapado, agregar los residuos orgánicos y colocar partes iguales de hojas secas y tierra se vuelve una rutina de cuidado, responsabilidad y la esperanza de la recompensa cuando el suelo se vuelve fértil: árboles y plantas felices.

En la ciudad de México algunas oficinas y parques urbanos tienen compostas al aire libre. Además, en la Ciudad de Puebla ambientalistas han dedicado tiempo y trabajo y lo han convertido en una buena idea de negocio: colectar los residuos orgánicos en los domicilios a cambio de tierra de composta y una cuota mínima mensual.

Ibero genera 100 kilogramos de desperdicio a la semana
En la Ibero los residuos orgánicos e inorgánicos se separan desde el año 2009. En promedio, se generan 100 kilogramos  a la semana  de desperdicios  que provienen de la preparación de alimentos y restos de poda de jardinería. Si sumamos, sería el equivalente a  veinte bolsas negras al mes que no van al relleno sanitario.

Con apoyo de los compañeros de jardinería, al año se producen casi 19 toneladas de humus de lombriz para fertilizar las áreas verdes. También se imparten talleres para aprender a compostar en casa. Hace más de quince años que fue implementada esta buena práctica en la Ibero por iniciativa de los hermanos Diego, egresados emprendedores del cuidado ambiental.

Publicado originalmente en Ángulo 7.
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Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

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