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Cerro de la Silla
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Doce preguntas: migrantes de Monterrey a Puebla

Subtítulo
La vida de una persona migrante cambia cuando es deshumanizada... “Cuando los tratan como cosas”

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Renee Good, Alex Petti y Liam Conejo son nombres en historias trágicas que se suman a otras menos mediáticas y que a inicios del 2026 evidencian políticas migratorias inhumanas formuladas desde Washington.

Billie Eilish y Bad Bunny, como artistas de fama mundial, han tomado una postura crítica a esas políticas y comunicando que “nadie es ilegal en tierra robada”, o bien que el amor y la unidad pueden prevalecer sobre el odio y la división (“juntos/as somos América”).

Mientras Lucía y Andrea, estudiantes de secundaria en Monterrey, me entrevistaban por videollamada a partir de doce preguntas que formularon, caí en cuenta que estábamos ante reflexiones ineludiblemente transgeneracionales.

Su decálogo de preguntas bien puede ser una guía de referencia en esta obscura coyuntura que parecería regional y aislada, pero que más bien considero global e interconectada:

“(1) ¿Qué situaciones obligan a alguien a dejar su país, aunque no quiera?
(2) ¿Es lo mismo migrar por elección que por necesidad?
(3) ¿Cómo influyen la violencia, la pobreza o los desastres naturales en la migración?
(4) ¿Qué papel juegan los gobiernos en que la gente se vaya o se quede?
(5) ¿Qué es lo más difícil de empezar de cero en otro país?
(6) ¿Cómo afecta la migración a la identidad
(7) ¿Qué riesgos enfrentan las personas migrantes en el camino?
(8) ¿Cómo cambia la vida de una persona cuando es tratada como “ilegal” o “extranjera”?
(9) ¿La migración beneficia o afecta a la economía del país que recibe?
(10) ¿Por qué a veces hay rechazo hacia las personas migrantes, aunque trabajen y aporten?
(11) ¿Cómo pueden las comunidades integrar mejor a quienes llegan?
(12) ¿Qué estereotipos sobre los migrantes son injustos o falsos?”

Para el primer tercio de preguntas fue clave aclarar qué entendemos por, “migrar” y por “migración”, así como distinguir la migración internacional (entre países) de la migración interna (al interior de un mismo país, más difícil de medir). Lo más cercano a “obligar” podría ser la migración forzada: cuando la vida, la libertad o la dignidad de la persona están en riesgo.

“Migrar por elección”, o de manera menos forzada y voluntaria, es algo próximo a la circularidad migratoria: cruzar fronteras de manera informada, menos peligrosa, con libertad de tránsito. Aunque en contactos directos e incluso en discusiones de alto nivel, no siempre ha sido fácil distinguir cuando alguien busca mejores oportunidades de vida voluntariamente o no.

Si bien las desigualdades, las violencias y altos niveles de exclusión se han asociado a múltiples circuitos migratorios internacionales, los desastres naturales más bien han dado paso a desplazamientos cortos, como migraciones internas. Sabemos poco de cómo el cambio climático y otras condiciones medioambientales podrían tener un peso creciente en las decisiones de emigrar internacionalmente.

Al resto de preguntas las mismas estudiantes las agruparon en dos bloques: (1) las experiencias de las personas migrantes y (2) los impactos en los países que les reciben. De manera muy contundente les respondí que la vida de una persona migrante cambia cuando es deshumanizada, al usar etiquetas como “ilegales”.

Lo entendieron: “Cuando los tratan como cosas”. Antes expliqué el papel central de los gobiernos y que “empezar de cero” dependerá del caso, pues no era lo mismo para un bebé, una mujer o un grupo de adolescentes afrodescendientes.

Ahí replicaron: “¿Para una familia? Eso permitió hacer la conexión con lo lingüístico, lo laboral, lo educativo, los contextos: “¿Se imaginan haber estudiado muchos años en tu país y que luego eso no te sirva para tener un buen empleo, sin poderte comunicar diariamente o que no puedas dar un techo a tus hijos?”

De ahí pasamos a las identidades y la cultura, también entendidas en constante cambio y movimiento. Cerramos el bloque mencionando los peligros de las personas migrantes irregularizadas en tránsito por México, el Mediterráneo y el mundo, quienes pueden perderlo todo, su vida, su familia, su libertad. Migrantes que pueden desaparecer, dejar de existir.

En la transición entre bloques me interrumpieron con algo fuera de su guion original: ¿entonces sería mejor un mundo sin fronteras? Les dije que esa pregunta la había escuchado hace muchos años en la Universidad de California en San Diego (no les aclaré que fue en una defensa de tesis de doctorado).

Esa inquietud me permitió hilar las preguntas finales e ir cerrando nuestra entrevista a partir de explicar que detrás de acciones gubernamentales como las que le quitaron la vida a Renee y a Alex, o que separaron a Liam de su padre, están el miedo, la ignorancia, la desinformación, así como procesos de hiper politización y polarización sin fundamentos científicos; de verbos tan lejos a los de nuestras redes de trabajo universitario e incidencia que buscan “acoger, proteger, promover e integrar” para transformar el mundo en un lugar mejor para todas las personas. 

Publicado originalmente en e-consulta.
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Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

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