El silencio nos hace cómplices
Autoría: Leopoldo Díaz Mortera
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La creadora de Fundación Naná, Ximena Céspedes, madre de Ana María Serrano Céspedes, quien fue víctima de feminicidio el 12 de septiembre de 2023, visitó la Universidad Iberoamericana Puebla el pasado jueves 19 de marzo para platicar con más de 400 jóvenes de prepa IBERO Puebla.
En una emotiva y profunda plática habló sobre los riesgos de ser omisos ante las señales de violencia que viven actualmente tantas personas y que ha cobrado la vida de casi 20 mil mujeres en los últimos cinco años sólo en América Latina y el Caribe, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
De acuerdo con el organismo, sólo en 2024 al menos 3,828 mujeres fueron víctimas de feminicidio o muerte violenta por razón de género en América Latina y el Caribe (CEPAL, 2024). En México, de acuerdo con datos recopilados por El Universal hubo 6 mil 440 feminicidios en los últimos siete años”.
En este contexto de creciente violencia feminicida es que Ximena Céspedes asume el compromiso de que “Ana María sea la última”, cómo se cita en la página de su Fundación, con la esperanza de que su mensaje pueda llegar a más personas y salvar vidas.
Estas son algunas reflexiones que nos dejó su conferencia y qué sí usted es padre, madre, tutor o docente, es probable que le sea de utilidad para reflexionar y acompañar de mejor manera a nuestras juventudes pues no se trata de un evento aislado, o de una situación extraordinaria,
Lo que pone en evidencia esta madre y activista es que cualquiera de nosotros podría convertirse en la víctima o el victimario si no se tiene cuidado con la manera en que nos relacionamos, pues el feminicida de su hija no era la encarnación del mal o un enfermo mental, sino un joven estudiante, deportista, de buen promedio, con una beca para estudiar en el extranjero, de buenos modales y de buena familia, un joven que, citando a Cristina Rivera Garza hablando de los feminicidas, “no son monstruos, sino hijos sanos del patriarcado”.
Lo primero a tener en cuenta es que el silencio nos hace cómplices -dice Ximena-, no es culpa nuestra, pero sí nuestra responsabilidad. Quien es víctima puede tener dificultades para reconocer la violencia o alejarse por miedo, pero quien sabe, si es testigo y no alza la voz se convierte en cómplice, no es su culpa, pero es su responsabilidad no dejar pasar la violencia por mínima o absurda que parezca.
La madre de Ana María comentó que las personas cercanas veían la situación y le decían a su hija que estaba en una relación tóxica, pero nadie le dijo a él que estaba mal lo que hacía. No basta con hablar, se requieren acciones que ayuden a todas las partes a asumir su responsabilidad y romper con ese ciclo de agresiones.
Se debe buscar ayuda con las personas adultas, padres de familia, docentes, autoridades. Cuando la agresión persiste es importante buscar instancias que puedan apoyar y acompañar. A veces minimizamos la situación y es mejor exagerar para evitar que crezca.
También dejó un mensaje para los padres de familia, universitarios y docentes que estábamos en la audiencia. Lo que nos toca como actores sociales para prevenir la violencia feminicida es estar atentos a las señales de advertencia, no permitir ni dejar pasar las situaciones porque sean adultos, o temas de pareja que parezcan limitar nuestra acción o intervención.
A la escuela y los docentes nos toca llevar estas historias a las aulas. Historias como la de Ana María sirven para sensibilizar, reconocer y advertir sobre los riesgos de confundir el control, los celos y la obsesión con amor. A los padres, madres y cuidadores nos toca reconocer que nadie está exento de convertirse en un violentador o un feminicida, por eso debemos aprender a relacionarnos de maneras más saludables.
En las instituciones educativas cada vez es más común estar familiarizados con el violentómetro, una herramienta gráfica y didáctica que visibiliza diversas manifestaciones de violencia, sin embargo advierte Ximena que no se trata de una escalera en la que se va de menos a más violencia, sino de un iceberg, en el que sólo vemos una pequeña parte de esa violencia mientras en lo profundo está soterrada una complejidad que puede provocar que se salte rápidamente de la humillación y el “juego pesado” al feminicidio.
En el caso de Ana María, no hubo otras señales o situaciones graves que ayudaran a ver la escalada de violencia y prever el desenlace.
Por último, advirtió que es imprescindible tener cuidado con los dispositivos digitales y las redes sociales, a las cuales nuestras juventudes están enganchadas, allí se libra una batalla que afecta decisivamente la autoestima de las niñas, niños y jóvenes, en la que han aumentado la violencia y el acoso.
Los dejamos solos en sus cuartos con dispositivos desde los cuales pueden estar sufriendo diversos tipos de violencia digital que les empujan a la depresión y la desesperación. En Fundación Naná hay diversos materiales que pueden ayudar a identificar y reconocer mejor las señales de advertencia que nos permitan actuar de manera oportuna, responsable y eficaz.
Al final de la conferencia, una estudiante preguntó a Ximena cómo ha logrado salir adelante a pesar del dolor y la pérdida. Ella contó la historia del docente que en el velorio de su hija le dijo que en una situación como esta no vale la pena preguntarse por qué ocurrió, sino para qué; esto le permitió reconocer que necesitaba salir de sí misma y tratar de que esto no le ocurriera a más jóvenes como Ana María.
Para que, en la complejidad de nuestra cotidianidad respondamos a los desafíos actuales del cuidado que requieren las personas que acompañamos tenemos mucho que aprender de estas experiencias.
Referencias
CEPAL. (20 de noviembre de 2024). CEPAL: Al menos 19.254 feminicidios se han registrado en los últimos cinco años en América Latina y el Caribe.
El Universal. (7 de marzo de 2026). México llega al 8M con 6 mil 440 feminicidios en los últimos siete años.
Fundación Naná. (s.f.). Fundación Naná.