Imagen
angel cdmx
Fecha

La celebración del Mundial se vuelve pregunta

Subtítulo
Una de las lecciones que nos está dando este mundial es que como adultos tenemos la responsabilidad de favorecer experiencias y relacionamientos que potencialicen la alegría

Comparte:

El 30 de junio durante los festejos por la victoria de la selección mexicana de futbol cuatro personas perdieron la vida. Ante estas escenas de tragedia me quedo sin palabras, con la impresión de que estos incidentes pudieron haberse evitado.

Mientras escribo, intento que estas ideas sean algo más que un ejercicio de revisionismo crítico de las pasiones que nos llevan al desborde, a cruzar los límites, o a olvidar lo que es importante. Es más un pretexto para expresar un sentimiento de urgencia para volver a mirar en las consecuencias de nuestras acciones cotidianas y el modo en que habitamos el espacio público.

Por mi mente atraviesan al menos tres nociones: respeto, responsabilidad y cuidado. El cuidado de y con el otro, otro desconocido, pero con quien me uno por las afinidades afectivas que compartimos como país. La responsabilidad de sentirse parte de lo que acontece alrededor nuestro, de ser interpelados por esas situaciones dolorosas y lamentables donde gente ha perdido la vida. El respeto como una expresión positiva de consideración y reconocimiento de los demás como iguales en la diferencia.

La celebración pública se convierte en preguntas: ¿Quién nos enseña o cómo fue que aprendimos a habitar el espacio público? ¿cuánto de amabilidad, generosidad, cortesía eran necesarias para que esto no sucediera? ¿quién debe intervenir para mediar o frenar estos desbordes, estos excesos? ¿de quién es la responsabilidad? ¿alcanza con apelar a la responsabilidad individual? Quizá, en un mundo ideal alguien, alguno, cualquiera, hubiera imaginado la necesidad de mediar en el acceso y circulación de esas masas eufóricas, pero de nuevo otra pregunta ¿eso solo pasaría en un mundo ideal? ¿será que las y los mexicanos podemos reunirnos a celebrar en el espacio público autorregulándonos y asumiendo responsablemente lo que deviene del encuentro con otros cuerpos, otros entusiasmos? La pregunta por lo que nos moviliza es algo que desde el campo educativo insiste, ¿cómo activamos esos deseos por lo común, por lo que nos hará bien a todos? ¿cómo hacemos para recordar el poder que tiene la gentileza, el respeto, la ternura, la ayuda?

Los debates y las conversaciones en redes se encienden rápidamente, llegando al grado de la grosería y la agresión. Lo que vemos es que hay poco espacio para la amabilidad, el cuidado y la mesura. Estas situaciones trágicas nos hablan de un descenso lamentable de valores como la cortesía, la civilidad, pero también de cómo se ha exacerbado el individualismo y se va naturalizado el insulto y la agresión como mecanismos de expresión frente a aquello que me limita u obstaculiza en mis deseos.

Por supuesto que todos tenemos derecho a celebrar, a salir a la calle para festejar, a mostrar nuestra alegría por el triunfo de otros, pero también tenemos la obligación de reflexionar sobre los comportamientos y argumentos que damos para justificar o legitimar la indiferencia y las conductas groseras. Se hace urgente pensar cómo queremos vivir, qué tipo de encuentros y escenas son las que queremos ver y que vean nuestras infancias, pues esas imágenes y narrativas las están formando en su subjetividad.

Frente a esa movilización de pasiones y entusiasmos, una amiga me pregunta, ¿te imaginas si esos miles de mexicanxs que salieron a festejar el triunfo de México también saliera a las calles organizado para pedir mejores condiciones laborales, de salud, reclamara por los miles de desaparecidxs? Hay tantas cosas importantes que asumir en el presente. Hay mucho por hacer y contagiar. Ahora tal vez no sabemos muy bien las respuestas a estas situaciones, pero si contamos con el coraje y la valentía para enfrentarlas cada uno desde su lugar estaremos en el camino.

Una de las lecciones que nos está dando este mundial es que como adultos tenemos la responsabilidad de favorecer experiencias y relacionamientos que potencialicen la alegría, el cuidado, pero sobre todo que fortalezcan la mesura compartida.

Publicado originalmente en El Sol de Puebla.
Más información
Material gráfico
Misael Chirino Durán
Fotografía
Ramón Tecólt González

Solicita Información

Sexo
Motivo

CAPTCHA This question is for testing whether or not you are a human visitor and to prevent automated spam submissions.