Cablebús: lo que se gana… y lo que se puede perder en los parques
Autoría: Romeo Alberto Saldaña Vázquez
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En Puebla se habla mucho del Cablebús: que si va a mejorar la movilidad, que si será más rápido, que si es moderno.
Pero hay algo que casi no se está discutiendo: el impacto que este proyecto puede tener en los espacios públicos y en la forma en que vivimos.
Porque más allá de si el transporte funciona o no, hay una pregunta clave: ¿Se está planeando este proyecto con la información suficiente y pensando en la gente?
Hasta ahora, uno de los principales problemas ha sido la falta de claridad. No están disponibles para la ciudadanía estudios básicos que deberían existir antes de cualquier obra de esta magnitud, como el impacto ambiental o los beneficios reales del proyecto. Y eso no es un detalle menor. Significa que las decisiones se están tomando sin que todos puedan conocer sus consecuencias.
Al mismo tiempo, se ha planteado que varias estaciones y torres se instalen en parques públicos, como el Parque Ecológico o el Parque Juárez. Y ahí es donde el tema se vuelve más delicado.
Los parques no son terrenos libres para construir. Son espacios que usan miles de personas todos los días: familias que van a caminar, niños que juegan, personas que hacen ejercicio o simplemente buscan un lugar para descansar.
Para muchos, estos lugares son el único contacto cotidiano con áreas verdes. Tan solo en el parque Juárez hay una población vecina que llega a 82 mil personas, de las cuales 25 mil son adultos mayores y niños.
Pero además, los parques cumplen otra función que muchas veces no vemos: son parte de la vida natural dentro de la ciudad.
Ayudan a bajar la temperatura del aire, capturan contaminantes, permiten que haya aves y otras especies, y hacen más habitable un entorno que cada vez es más urbano y duro.
La temperatura del aire debajo de los árboles de los parques Juárez y Ecológico es de dos grados menos en comparación con lugares aledaños sin árboles.
Por eso, intervenir estos espacios sin estudios claros y sin información pública suficiente no solo es un asunto ambiental: también es un tema de derechos. Es el derecho de las personas a usar, disfrutar y conservar los espacios públicos. A esto se le conoce como derecho a la ciudad. Suena complicado, pero en realidad es algo muy sencillo: que todos puedan vivir en una ciudad que sea habitable, accesible y que piense en el bienestar común.
Cuando un proyecto se impulsa sin transparencia y afecta espacios que son de todos, ese derecho se pone en riesgo. Porque la ciudad deja de construirse para sus habitantes y empieza a definirse desde decisiones que no se comparten ni se explican.
El problema no es estar en contra del Cablebús. El problema es cómo se está haciendo. Una obra así debería partir de información abierta, estudios públicos y un diálogo real con la ciudadanía. Y sobre todo, debería evitar afectar espacios que son difíciles de recuperar, porque han tardado más de 30 años en estar como los vemos hoy.
Porque intervenir un área verde en una ciudad como Puebla no es cualquier cosa. Es perder sombra, aire limpio, espacio para convivir y parte del equilibrio que hace posible vivir mejor.
Al final, la discusión no es solo sobre transporte. Es sobre qué tipo de ciudad queremos. Una donde las obras se imponen, o una donde se planean pensando en la gente.
Porque una ciudad no se mide solo por lo que construye, sino por lo que decide conservar.