Entre la crisis y la acción: los retos de la conservación ambiental en Puebla
Autoría: Romeo Alberto Saldaña Vázquez
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En un contexto marcado por la presión de la expansión urbana y la pérdida de contribuciones de la naturaleza para las personas, los(as) científicos(as), activistas y divulgadores ambientales Palestina Guevara Fiore, José Antonio González Oreja, Laura Domíguez Canseco (BUAP), Romeo A. Saldaña Vázquez (IBERO Puebla), Selene Agustín (Granja “La Tierra”), y Ariadna Tobón (Jardín Etbobotánico Fco. Peláez) nos reunimos el pasado 5 de junio de 2026, Día Mundial del Medio Ambiente, en el marco del 8º Festival Alas sobre rieles. Durante la mesa de discusión coincidimos en que la conservación de la naturaleza en el Estado de Puebla enfrenta desafíos que van más allá de la falta de recursos y que involucran prácticas sociales profundamente arraigadas, como el consumismo y la creciente desconexión de las personas con su entorno natural.
Los problemas ambientales que enfrenta Puebla no son distintos a los observados en otras regiones de México y del mundo. La fragmentación y pérdida de hábitats, la contaminación de nuestros ríos (como el Atoyac, uno de los más contaminados de todo México), así como de nuestros suelos y aire, la presencia de especies invasoras y el tráfico ilegal de especies (flora y fauna) constituyen algunos de los principales factores de pérdida de calidad ambiental y biodiversidad. Detrás de estos procesos se encuentran dinámicas como la urbanización acelerada, la agricultura intensiva y un modelo de vida que prioriza el consumismo sobre la sustentabilidad.
Entre los principales retos para reducir los efectos negativos de las actividades humanas se destacó la necesidad de integrar el monitoreo constante del medio ambiente y la biodiversidad dentro de las acciones de las instituciones gubernamentales responsables de la protección y regulación ambiental. Esto implica no solo fortalecer la vigilancia y sanción de prácticas ilegales —como la tala clandestina, la contaminación del aire y el agua, o la construcción en zonas de alto valor ecológico y biocultural—, sino también generar información continua que permita tomar decisiones informadas y disminuir así las consecuencias que se derivan de nuestros actos sobre los ecosistemas. Pero, para que esto sea posible, el monitoreo de las especies prioritarias de flora y fauna, así como los estudios de biodiversidad general en nuestras áreas naturales protegidas, deberían realizarse de forma sostenida en el tiempo.
Desde la perspectiva social, también se subrayó un desafío menos visible pero igualmente relevante: la ecoansiedad. Este fenómeno, caracterizado por la preocupación y el desánimo ante el deterioro ambiental, puede debilitar la participación ciudadana si no se canaliza adecuadamente. A ello se suma la preocupación por el impacto de la contaminación en la salud humana, especialmente en el centro del Estado, donde enfermedades no transmisibles —como ciertos tipos de cáncer o padecimientos renales— han sido asociadas con condiciones de alta contaminación ambiental. En este contexto, se hizo énfasis en la necesidad de reconocer y atender las llamadas “zonas de sacrificio”, donde los costos ambientales y de salud recaen de manera desproporcionada sobre ciertas poblaciones.
A pesar de estos retos, también existen avances importantes. La consolidación de áreas naturales protegidas, como el Parque Estatal “Flor del Bosque”, evidencia que la conservación de la naturaleza puede ser efectiva. En estos espacios se ha documentado una mayor riqueza de especies en comparación con zonas no protegidas. Sin embargo, la conservación no se limita a estos territorios. Las áreas verdes urbanas también desempeñan un papel relevante, al albergar especies que logran adaptarse a entornos antropizados. Un ejemplo notable es el gavilán de Cooper (Astur cooperii), que está siendo observado cada vez con más frecuencia en parques urbanos y otras áreas verdes de la ciudad de Puebla y su zona conurbada, donde llega a reproducirse, como la Reserva Estatal “Cerro Zapotecas”, el Parque Juárez y el Parque Ecológico, entre otras.
Otro avance significativo fue la generación de conocimiento reflejado en instrumentos como los documentos técnicos “La Biodiversidad en Puebla: Estudio de Estado”, “Estrategia para la Conservación y Uso Sustentable de la Biodiversidad del Estado de Puebla” y “Servicios ecosistémicos: la polinización en el Estado de Puebla”, los cuales permiten comprender mejor las condiciones socioambientales y la biodiversidad de la entidad. Asimismo, marcos regulatorios más amplios, como la NOM-059-SEMARNAT-2010 (de observancia obligatoria en todo el territorio nacional), han sido fundamentales para identificar y proteger especies en riesgo. Cabe destacar que, en algunos casos, los esfuerzos de conservación han permitido la recuperación de poblaciones, como ocurrió con el murciélago magueyero menor (Leptonycteris yerbabuenae), que ha mejorado su estatus de conservación y salido de la NOM-059. En todo caso, es necesario guardar un estricto respecto a la legislación ambiental vigente, tanto a la NOM-059 ya citada, como a otras, como el Reglamento de la Ley para la Protección del Ambiente Natural y el Desarrollo Sustentable del Estado de Puebla, en Materia de Prevención y Control de la Contaminación Provocada por la Emisión de Ruido, de febrero de 2009; o la más reciente Ley de Arbolado y Áreas Verdes Urbanas del Estado de Puebla, de diciembre de 2024. De lo contrario, corremos el riesgo de que toda esta legislación en materia ambiental se convierta en “letra muerta”.
En cuanto a las posibles soluciones, los participantes coincidimos en la importancia de reforzar la comunicación ambiental, de modo que los retos y avances sean transmitidos a la población de manera clara, accesible y orientada a la acción. También se señaló la necesidad de fortalecer los incentivos económicos y de calidad de vida para las comunidades que protegen los ecosistemas, como los pagos por servicios ambientales implementados en distintas regiones del Estado. Finalmente, se destacó la urgencia de formar nuevas generaciones con una visión integral de la conservación, capaces de articular el conocimiento científico, la participación social y la toma de decisiones.
La discusión dejó claro que la conservación del medio ambiente en Puebla no depende únicamente de políticas públicas o esfuerzos aislados, sino de la articulación entre sociedad, academia y gobierno. Frente a una crisis ambiental cada vez más evidente, el reto no es solo comprenderla, sino actuar de manera colectiva y sostenida. Solo así, entre todos, podremos conservar la enorme riqueza natural que todavía nos queda.