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Graduación PLIUL
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Almas para amar y servir: IBERO Puebla celebra a una nueva generación del PLIUL

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El liderazgo ignaciano se cultiva en cada aspecto de la tradición pedagógica de la Universidad.
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Cinco estudiantes de la IBERO Puebla concluyeron su formación en el Programa de Liderazgo Ignaciano Universitario Latinoamericano (PLIUL), una iniciativa orientada al desarrollo del liderazgo humano desde la espiritualidad y el compromiso social. Las egresadas de esta generación son las universitarias Zaira Pérez Torres, Leslie López Amaro, Ameyalli Gálvez Sánchez, Ainhoa Espinosa Oyarzabal y Amelie Cruz Rojas, quienes participaron en una ceremonia acompañadas por autoridades universitarias.

El Dr. Alejandro Eduardo Guevara Sanginés, Rector de la IBERO Puebla, agradeció a las estudiantes por haber elegido a la Universidad Jesuita como espacio de formación, subrayando que esta decisión representa un acto de libertad. Asimismo, extendió este reconocimiento a sus familias, amistades y acompañantes, quienes forman parte de este proceso educativo.

El Rector explicó que el PLIUL pone énfasis, en primer lugar, en el autoconocimiento: “Nadie puede dar lo que no tiene”, señaló, al destacar la importancia de una mirada interior que posteriormente se abre hacia los demás. Este proceso, dijo, permite dejarse interpelar tanto desde el intelecto como desde el corazón frente a las injusticias y problemáticas del mundo.

El Dr. Guevara Sanginés invitó a las egresadas a asumir los retos con compromiso transformador. Retomando una frase atribuida a san Ignacio, exhortó a que “vayan e incendien el mundo”, entendiendo esta acción como iluminarlo desde su experiencia y formación. Y añadió: “Sean la sal de la tierra y la luz del mundo”.

El Dr. José Cervantes Sánchez, director general del Medio Universitario, señaló que la formación recibida debe entenderse como un regalo, “pues toda esa formación, la inspiración, la vida… a fin de cuentas, el estar aquí respirando, es un regalo de Dios”. Asimismo, invitó a reflexionar sobre el significado de este momento formativo en la vida de las jóvenes.

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El académico subrayó que el contexto actual exige reconocer el papel activo de las juventudes, desde la convicción de que “no son la esperanza del mañana, son la esperanza de hoy”, al tiempo que destacó que son ellas quienes viven de manera directa la incertidumbre y fragilidad del presente. Por ello, es necesario escuchar su voz frente a estructuras que tienden a volverse rígidas.

Para Cervantes Sánchez, el liderazgo ignaciano implica una lógica de servicio, en la que el saber y el poder se orientan hacia los demás. “Siempre habrá posibilidad de servir”, expresó, al recordar que esta formación invita a “voltear la jugada” y asumir el liderazgo desde el compromiso con otras personas. Asimismo, reconoció la relevancia de la participación femenina en esta generación: “Son las mujeres las que sacan la cara”, celebró.

Durante la bienvenida, la Mtra. Araceli López Varela, responsable de Formación para Colaboradores del Centro de Formación y Acompañamiento para el Desarrollo Integral (CFADI), destacó el impacto del programa en la vida de las participantes. “Han sido muchos los frutos recibidos que, estoy segura, redundarán en sus propias vidas, en su entorno y en la sociedad”, expresó.

La voz de la generación resonó al unísono y agradeció al programa por ser un espacio de transformación profunda. Señalaron que el PLIUL les permitió confrontarse, acompañarse y reconocerse en las historias de otras, comprendiendo que el liderazgo ignaciano se construye desde la escucha, la comunidad y el autoconocimiento.

Asimismo, destacaron que este proceso implicó no ignorar la realidad que duele, sino mirarla de frente con herramientas espirituales, comunitarias y sociopolíticas. Subrayaron que la esperanza no es ingenua, sino una decisión colectiva, y que su formación resignificó su fe desde una experiencia cercana, comprometida y que impulsa a actuar ante el dolor del mundo.

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Las egresadas también expresaron compromisos concretos derivados de su formación, entre ellos continuar en un camino de autoconocimiento, no evadir lo que sienten, sostener la esperanza desde el amor y evitar la indiferencia. Asimismo, señalaron la importancia de acompañar y dejarse acompañar, así como de actuar de manera coherente con sus convicciones en la construcción de un mundo más justo.

Las cinco coincidieron en la necesidad de seguir buscando, discerniendo y caminando sin permanecer estáticas, reconociendo que este cierre marca también un nuevo comienzo. Con un compromiso compartido, afirmaron su disposición de vivir el liderazgo desde el principio ignaciano de “en todo amar y servir”.

Zaira Pérez Torres, egresada de este programa amoroso y transformador, brindó su testimonio. En él, describió el programa como un espacio de encuentro consigo misma y con Dios, en el que pudo entretejer su historia con la de otras personas desde el amor, la memoria y la esperanza.

La egresada agradeció el acompañamiento recibido a lo largo del proceso, así como a la comunidad que formó parte de su experiencia, destacando especialmente el aprendizaje compartido con sus compañeras. Para ella, este camino le permitió construir vínculos significativos y reconocer en las otras un reflejo de sentido y comunidad.

De igual manera, expresó su deseo de que el programa continúe siendo un espacio de formación integral y encuentro, e invitó a sus compañeras a seguir cultivando lo vivido. “Que esto que nuestros corazones descubrieron, lo mantengamos encendido”, concluyó, al tiempo que recordó la importancia de seguir caminando juntas, desde el cuidado, la esperanza y el compromiso con la vida.

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Texto
Paloma Fernández Peña /RPR
Fotografía
Misael Chirino Durán
Área organizadora
Programa Universitario Ignaciano

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